Cada
semana encontraras aquí una pequeña reflexión, en esta ocasión
quisiera compartir con ustedes algo referente a la situación de
la iglesia local de Corinto. Sabemos que durante más de un año
el apóstol Pablo pastoreo esta iglesia probablemente junto con
algunos de sus muchos colaboradores en el ministerio. La
enseñanza que recibieron durante su pastorado tuvo que ser sin
lugar a dudas excelente, estamos hablando de un hombre con un
gran conocimiento de las Escrituras y además un hombre que fue
el instrumento de Dios para escribir muchas epístolas del Nuevo
Testamento.
Pero algo paso
en la vida de los miembros de la iglesia de Corinto que freno su
crecimiento espiritual. Pablo llega a llamarlos en el capitulo 3
de la primera carta que les escribe, niños en Cristo, carnales.
Declara además un poco mas adelante, que la iglesia internamente
esta dividida, que existen celos, divisiones y grupitos que
están impidiendo el crecimiento de la obra.
¿Qué les paso
a los miembros de esta iglesia? ¿Nos puede pasar lo mismo a
nosotros hoy en día?
Personalmente
opino que no existe la iglesia perfecta, pero eso no es excusa
para que nos olvidemos de nuestras responsabilidades y aportemos
todo lo que podamos para que la iglesia, y en definitiva el
reino de Dios avance.
Cuando
empezamos a mirarnos a nosotros mismos, cuando en vez de mirar a
Dios, comenzamos a mirar los fallos de los demás, cuando el
hombre ocupa el lugar de Dios, sin lugar a dudas los problemas
aparecerán.
Hay muchas
cosas que podemos evitar, muchísimas veces son nuestros
caprichos, nuestra carnalidad, nuestro ego lo que impide el
avance y el desarrollo de la iglesia. Los miembros de la iglesia
de Corinto simplemente cometieron el error de darle lugar a los
celos, al afán de protagonismo, a la carne, en vez de al
Espíritu.
Hoy en día en
las iglesias se dan muchas situaciones fruto de la falta de
madurez y crecimiento de sus miembros. La iglesia de Corinto
muchas veces es un fiel reflejo del estado de muchas iglesias en
el día de hoy.
Creo que
sinceramente que uno de los problemas principales de la iglesia
hoy en día, es la falta de madurez. Es hora de crecer, de
portarnos como gente adulta en Cristo, de dejar la leche
espiritual y crecer en estatura espiritual. Miremos a Cristo,
seamos mas tolerantes, no con el pecado, pero si con las vidas
de los hermano que como todos están en un proceso de
crecimiento.
Echemos
profundas raíces en la Palabra de Dios, para que podamos
resistir los vientos y las tormentas de la vida. Pidámosle al
Señor de verdad que nos llene y nos bautice con su amor, el cual
todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta.
Pastor Manolo Sierra
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