“LAS DIFICULTADES ECONOMICAS EN LA VIDA MATRIMONIAL”
Todas las dificultades en la vida matrimonial tienen un origen, éste puede ser espiritual, social, económico o algún otro problema propio de nuestra época.
La inseguridad económica. La presión de la sociedad, la inestabilidad provocada por los cambios en los valores y en la moral, la disolución de la sociedad en pequeños grupos en los que cada uno se preocupa por sus propios intereses, las sospechas que cada cual tiene con respecto a otros, que surgen de la competencia la rivalidad tan difundidas en la actualidad, y por sobre todo por alcanzar un alto nivel de vida, y por ende la disconformidad, constituyen los causantes de riñas y disputa. Sin embargo, no es suficiente saber todo esto para resolver los problemas de las parejas que desean superar esta situación. Y más aún, a fin de entendernos y de entender a nuestro socio en la vida, debemos enfocar estos hechos desde distintos aspectos, por ejemplo: ¿Qué significa conformismo? ¿Cuál es el valor de la fe? etc... Y esto nos servirá de ayuda para superar dichas dificultades.
Muchas parejas creen que las dificultades económicas son las destructoras de la armonía en sus hogares. Una conocida expresión popular dice: “Cuando la pobreza entra por la puerta el amor florece en la ventana” ¿Es real el contenido de esta frase?
Las dificultades pueden a veces acercar a la pareja mutuamente, y otras veces pueden enfriar las relaciones matrimoniales. A muchas parejas, situaciones tales como desempleo, paro, escasez etc, las une mas aun, en cambio a otras las destruye. Toda desgracia o crisis de algún tipo constituyen un examen para la pareja. Por lo tanto, si la mujer se casó para tener una cierta seguridad económica, la perdida de un empleo, o la falta de entradas económicas en el hogar podría implicar la disolución del matrimonio. En cambio, si en la pareja existe una verdadera base de amor y de comprensión, a pesar de las dificultades económicas, esta relación se mantendrá.
La fe es fundamental en estos casos en la vida de la pareja. En primer lugar tenemos que tener en cuenta que la fe en el Dios Todopoderoso y en su Palabra, nos ayudara y nos capacitara para poder estar por encima en todo momento de cualquier estado de desanimo o tristeza. La fe en Dios proporciona fuerzas para poder afrontar toda crisis económica o de la índole que sea. La fe no tiene reemplazo, es una fuerza única y maravillosa.
Reconocer que por encima de nosotros hay un Ojo que todo lo ve, y un Oído que todo lo oye, nos ayudara en todo momento a mantener la calma y el equilibrio en el hogar. El es el Dueño del mundo, y supervisa todo y todo lo sabe, El es quien hace crecer todo y otorga fuerzas a todo, por consiguiente nuestra vida depende de El, que es Quien alimenta y mantiene a todos y es el Único que puede concedernos lo que realmente necesitamos en esta vida.
Un psiquiatra dijo en cierta ocasión: “El hombre no puede subsistir sin fe, pues sin ella se convertiría en un individuo sin esperanzas y desalentado”
Un estadista y pensador cierta vez expresó: “Dios no deja de existir en cuanto el hombre deja de creer en El, quien deja de existir es aquel hombre”
Por lo tanto, una familia que se conduce con fe y está orientada por aspiraciones elevadas se une cada vez más, y a la vez va adquiriendo mayor madurez y seguridad.
Los hechos en la vida no son ni buenos ni malos, lo que los determina son nuestros actos frente a dichos hechos y frente a la vida en general. Por lo tanto no os alarméis frente a una situación difícil; por el contrario a veces de lo amargo surge algo dulce. Es posible aceptar las cosas “negativas” con una buena actitud y de esa manera obtendremos algo provechoso que nos enseñara alguna lección. Las dificultades podrán estrechar los vínculos en la pareja y ambos podrán agradecer a Dios por lo aprendido.
Es muy importante en épocas de crisis alentarse mutuamente con palabras de ánimo y expresiones de fe. Cuentan de un sacerdote en la época del Templo de Jerusalén, que empobreció y decidió ante esta situación abandonar a su mujer y a sus hijos, y salir al extranjero a buscar trabajo.
Llamó a su mujer y le dijo: Ven y te enseñare las leyes y así podrás explicarlas a todo aquel que venga a consultarte acerca de cualquier tema. Y así comenzó: Cada cabello en el cuerpo del hombre posee un canal que lo alimenta, si se quitara dicho canal, que constituye el origen de su alimento, icho cabello perdería la vitalidad.
Al escucharlo, su mujer le dijo: Ojala escucharan tus oídos lo que tu boca habla! Dices que Dios creo en el hombre un canal para cada cabello, mediante el cual recibe su alimento; y en el hombre hay miles de cabellos. Y aquel que se preocupa por el alimento de cada cabello, ¿no se preocupara acaso por el nuestro propio? ¿No podrá Dios ocuparse de nosotros y de nuestras necesidades sn necesidad de que te vayas lejos? El sacerdote al oír las palabras sabias de su mujer, se dio cuenta que en realidad su problema era una falta de fe tremenda en el Dios al cual servia. Finalmente decidió no marcharse.
“Una palabra de fe puede ayudarnos a recobrar fuerzas y a dejar de preocuparnos por las circunstancias que nos rodean”
Es imposible negar que a veces las dificultades económicas constituyan un agente promotor de problemas en el matrimonio. Pero la experiencia nos enseña a buscar causas mas profundas a dichos conflictos, y así encontramos que lo que ocurre en realidad es que la base de aquellos matrimonios nunca fue lo suficientemente fuerte como para sobrellevar cualquier presión, y mas aun, tal vez hubo otros roces anteriores que ya imposibilitaban cualquier otra presión por más leve que fuera.
En síntesis: Mientras la vida continúe siempre existirán circunstancias que pueden provocar conflictos, pero el matrimonio centrado en Dios y en su Palabra, sabrán como adaptarse a las situaciones más difíciles. La concepción de la vida basada en la fe fortificara a la pareja a fin de que sea capaz de sobrellevarlo todo.
LECTURAS DE LA SEMANA
Lunes: Mateo 6:24-34
Martes: Salmo 15
Miércoles: Lucas 18:18-30
Jueves: 1ª Timoteo 6:3-21
Viernes: Romanos 14:7-19
Sábado: 1ª Corintios 10:1-14



