Lobos
con piel de ovejas
(Mateo 7:15-23)
Cuando el Señor se va acercando al final del Sermón del Monte,
nos advierte sobre la importancia de estar en guardia para no
ser seducidos por los engañadores. Para ello utiliza la figura
de los “lobos vestidos de ovejas”. ¿Qué hace usted cuando al
llegar a una casa ve un letrero que dice “cuidado con el perro?”.
Bueno, tendría que ser muy despistado para no tomar en cuenta
esa advertencia. Pero, ¿qué tal si en lugar de un perro lo que
encuentra es un lobo en el patio? ¿Saltaría usted la cerca
para acariciarle la cabeza? Los que estudian el comportamiento
de los animales salvajes han encontrado que los lobos son los
animales más feroces y voraces al momento de atacar. Así que, a
nadie teme más el pastor de ovejas que al aullido de un lobo. Se
dice que es el animal que más se excita con la sangre. Algunos
indios los cazaban poniendo un puñal en medio de un trozo de
carne, de manera que mientras el lobo se comía la carne también
mordía el puñal, produciendo un desangramiento hasta el punto de
enfurecerse y morir tragándose su propia sangre. ¿No le parece
extraño que Jesús haya dicho que los falsos profetas son como
los lobos? La palabra “guardaos”, que aquí usa el Maestro,
equivale a decir: “tenga cuidado”, “sea precavido” con ellos.
Ellos vienen con una vestimenta de oveja. La idea es que al
vestirse así no despiertan mucho la atención. Pero, ¿por qué
Jesús dijo que vienen con vestimenta de ovejas? Porque las
ovejas son los animales más inocentes, inofensivos y hasta
crédulos que existen.
Ningún animal es más manso que
ellos. Al vestirse como ovejas su camuflaje no descubra sus
reales intenciones. ¿Existieron estos faltos profetas en el
tiempo de Jesús? ¡Sí! ¿Los tenemos hoy? ¡Sí! ¿Siguen engañando?
¡Sí! Déjeme decirle que si alguna vez existió una generación que
necesita ser advertida acerca de los falsos profetas, es ésta.
Tome en cuenta esto: el peligro de la iglesia moderna no es la
persecución, como se originó en los primeros tiempos del
cristianismo, sino la infiltración de los que se dicen ser
piadosos, pero que detrás de ellos hay una piel de lobos que se
va poniendo al descubierto. Uno de los textos que la iglesia
debe tomar en cuenta (2 Cor. 11:13). Satanás es el genio del
camuflaje. Pero, ¿cómo identificar a los falsos profetas? ¿Cómo
desenmascararlos?
I. A ESTOS LOBOS SE LES IDENTIFICA POR LA ROPA QUE SE PONEN
1. El vestido de la piedad. ¿Qué es lo difícil en esta
identificación? Que necesitamos usar mucha precaución porque las
pretensiones de los engañadores parecen buenas y plausibles. Y
en eso consiste su engaño porque al principio no vemos nada malo.
Nos puede seducir la forma como hablan, como cantan, como
predican, como enseñan y hasta la forma cómo nos tratan. Todo
esto pudiera ser parte de su ropaje y eso dificulta conocer lo
que ellos llevan por dentro. El reto que tenemos por delante
es que podamos quitarle a los engañadores la piel de oveja,
para que veamos al lobo que está debajo. Note que Jesús dijo
que ellos “vienen a vosotros” con esa vestimenta. ¿Por qué no
van a otro sitio? ¿Por qué buscan la iglesia? ¿Por qué no
entran a otro lugar? Vienen a nosotros con inocencia, con cierta
piedad, mansos, cubriendo su falsedad con un traje de elocuencia,
con una palabrerío hasta ponderar su “sabiduría”. Bien pudieran
sus errores estar barnizados con una capa de santidad y devoción;
pero en la Biblia a los tales se les identifica como “lobos
rapaces”. De esta manera los calificó Pablo en la serie de
consejos que le dio a los pastores de Éfeso en su mensaje de
despedida (Hch. 20:29). Pero fíjese que en este caso Pablo no
habló que ellos venían como lo dijo Cristo, si no que los tales
saldrían dentro de la iglesia misma, lo cual es más peligroso. ¿Qué
actitud debemos tener? No dejar de demostrar nuestro amor a cada
uno, pero atentos y cuidadosos.
2. Una aparente espiritualidad (Judas 11). Hace poco traje el
estudio de la carta de Judas; una muy pequeña carta, pero con un
contenido extraordinario. El énfasis es para “combatir
ardientemente por la fe una vez dada a los santos”. Y en el
presente versículo encontramos la más fiel y reveladora
descripción de los falsos profetas. Tres personajes históricos:
Cain, Balaam y Coré. “El camino de Caín” nos presenta a aquellos
que valiéndose del evangelio, lo pervierten. ¿Cuál fue la
situación de estos dos hermanos? Ambos vinieron al culto. Ambos
ofrecieron sus ofrendas. Ambos adoraron. Pero en uno, su
ofrecimiento fue solo para aparentar. Presentó el fruto de sus
manos, pero no del corazón. Sin embargo, la ofrenda de Abel fue
elegida porque ofreció una víctima para el sacrificio. En el
camino de Caín transitan lobos vestidos de ovejas que van a la
perdición, en el de Abel los que van a la vida eterna. Se nos
habla también del “error de Balaam”. Este fue un profeta
apóstata, con una apariencia de piedad quien al no poder
maldecir a Israel, según la petición de Balac rey de Moab,
incitó a Israel a corromperse, quienes al final fornicaron y
adulteraron con ellos trayendo la ruina a miles de ellos. Fue un
profeta que lo que le interesaba era el lucro, el dinero más no
el avance de la obra del Señor. Y el otro fue la “contradicción
de Coré”. Este es un caso aún más patético. Siendo un levita,
príncipe del pueblo, se rebeló contra la autoridad de Moisés y
de Aarón. Gozaba de tantos privilegios, sin embargo no se sujetó
al liderazgo establecido. Muchos de los engañadores que nos
vienen, o que surgen, tienen la tendencia a descalificar al
liderazgo establecido. Pero el fin de estos tres ejemplos nos
pose sobre aviso de lo que les espera a los engañadores.
II. A ESTOS SE LES RECONOCE POR EL FRUTO QUE DEJAN
1. La semilla es la que determina el fruto. Note que ahora hay
un cambio de metáfora en la enseñanza de Jesús. Del vestido pasó
al fruto. Al hacer esto, el Señor nos está diciendo que si bien
es cierto que al principio estos falsos profetas nos pueden
engañar, los resultados de su actuación (sus frutos), nos
revelarán cuáles fueron sus reales intensiones. Jesús nos dice:
“Por sus frutos los conoceréis” v 16. La idea es que el engaño
no puede permanecer tanto tiempo encubierto porque al final
veremos los frutos. El árbol es conocido por su fruto, pero
también por su condición. Si se conoce la clase de
fruto, entonces se sabrá qué clase
de fruto vendrá. La pregunta lógica de Jesús nos enseña esto:
“¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?”
v. 16. ¿Pero a quién representan los espinos y los abrojos?
Representan a esos corazones viciosos, corrompidos, no
santificados; sin provechos, nocivos y destinados en todo caso
para el fuego. La verdad es que sería una gran cosa si sucediera
así, pues tendríamos uvas e higos por todas partes. Pero ambas
frutas vienen de su semilla original. ¿Qué es lo que el Señor
nos está mostrando con esto? Que el evangelio de una persona se
conoce por su fruto. Eso es lo que al final cuenta. La vida
adornada con frutos es lo que indicará si ese “árbol” es malo o
bueno. Jesucristo ha dicho que la mejor manera de reconocer el
evangelio de alguien es si lleva frutos; eso fue lo que nos dice
Juan 15:16. Una de las cosas que el mismo Señor ha dicho es que
si permanecemos en él tenemos la garantía de dar esos frutos.
Por Jesús mismo conocemos que esa semilla, la que determina el
fruto, es la palabra de Dios.
2. El buen fruto no se puede esperar de un hombre malo. El Señor
nos dice que “todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol
malo da malos frutos”. De esta manera vemos que la ecuación de
Jesús, además de ser lógica, es lo que al final se ve. ¿Cómo
puede una persona mala producir frutos buenos? Y de igual manera,
no puede esperar que una persona buena produzca frutos malos. Es
como si esperáramos uvas de los espinos o higos de los abrojos.
¿Qué representan las uvas y los higos? Las buenas obras de las
personas. Así como ambas frutas son agradables, se espera que
nuestros frutos sean agradables. Los falsos profetas,
considerados dentro del renglón de estos malos hombres, no
pueden producir uvas ni higos. Lo que ellos al final producen
son espinos y abrojos. Esto es: maleza, mala hierba, cuyo
resultado será ser llevado al horno para ser quemado. Hay
árboles que fueron creados para ser frutales, mientras que otros
fueron creados para dar sombra y mantener el equilibrio natural.
Pero si un árbol que siendo sembrado para dar frutos no cumple
con tal función, entonces habrá que cortarlo. Eso es lo que el
Señor nos muestra con este principio cuando habla de los
engañadores.
III. A ESTOS LOBOS LES AGUARDA UN DESTINO INESPERADO
1. “No todo el que me dice: Señor, Señor entrará al reino de los
cielos…” v.21. Este es uno de los
textos más fuertes de la palabra. Aquí vemos a Cristo rechazando
a aquellos que se dedicaron a engañar. En aquel día, cuando
Cristo venga no habrá alegatos ni informe que valga. Aun cuando
se hayan hecho tantas cosas en su nombre, al final Jesús
sentenciará a los tales porque ellos eran “hacedores de maldad”.
La sentencia más horrible que alguien pueda escuchar es que el
propio Señor le diga: “Nunca os conocí…”. Cuando los discípulos
regresaron de su primer trabajo evangelístico, hablaron cómo
fueron usados para sanar y sacar demonios, lo cual constituía un
gran éxito, pero Jesús les dijo que no se gozaran tanto por esto
sino porque sus nombres estuvieran inscritos en el libro de la
vida. Esa es la lista que un día será leída en el cielo. ¿Qué le
espera los engañadores considerados por el Señor como falsos
profetas? Que todos serán cortados y quemados. El juicio del
Señor es cosa seria.
2. En los tales no ha habido arrepentimiento. En este pasaje el
asunto que uno ve no es el de alguien que perdió la salvación,
sino la descripción de alguien que jamás la tuvo. Hermanos, la
advertencia hecha por Jesús es para que nos probemos si estamos
en la fe. Tales palabras deben llevarnos a profundizar nuestra
fe para que tenga raíces profundas, a mostrar nuestra fe en
los frutos, a defender la fe por la palabra, a apoyar la fe,
sosteniendo su obra; y sobre todo, a compartir nuestra fe a
través del testimonio hablado y vivido. Y si usted tuviera hoy
dudas acerca de su fe, déjeme decirle que hay un salvador que le
espera. Cuando usted se acerca a Jesús por fe y le recibe, usted
tiene la seguridad que ha sido salvo. Nadie le podrá mover de
allí. Le digo que la seguridad de su salvación le pone en
capacidad para saber distinguir quien es un engañador y cuál es
su destino. Le da la absoluta certeza que nada ni nadie le podrá
separar del amor de Dios que es Cristo Jesús. Los nombres de los
falsos profetas no se escriben en ninguna parte, pues su destino
será su perdición; el suyo ya fue escrito. ¡Cuidado con los
lobos vestidos con piel de ovejas! Que ninguno de nosotros
resulte al final mostrando la piel de lobo. Sea una oveja por
siempre.
CONCLUSIÓN: Es bueno que escuchemos las advertencias, y eso es
lo que Jesús nos está mostrando acá. El capitán Smith, el piloto
del muy famoso Titanic, recibió varias advertencias y mensajes
donde se le decía que estaban entrando en aguas repletas de
glaciares. Cuenta
la historia que este capitán cuando le llevaron el mensaje en un
papel, lo arrugó y se lo metió en un bolsillo y el barco siguió
su rumbo. Por no haber hecho caso a la advertencia, 1400
personas encontraron su tumba en las heladas aguas del atlántico.
No es extraño que Jesús nos dejara esta advertencia casi al
final de su Sermón del Monte. Hermanos, la mejor manera para
verle la “piel de lobo” a los engañadores, es viviendo muy cerca
del mismo que nos ha dicho: “Guardaos de los falsos profetas…”.
Escrito por
Julio Ruiz
