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Abraham

Descendiente de Sem e hijo de Taré; esposo de Sara y, como padre de Isaac, antepasado del pueblo hebreo y, a través de Ismael, de otros pueblos semitas (Gn. 17.5; 25.10–18). Judíos, cristianos y musulmanes consideran su vida (Gn. 11.26–25.10; resumida en Hch. 7.2–8) como notable ejemplo de una extraordinaria fe en Dios (He. 11.8–12).

I. Nombre

La etimología del nombre de Abram (empleado en Gn. 11.26–17.4 y rara vez en otras partes, por ejemplo 1 Cr. 1.27; Neh. 9.7) es incierta. Probablemente significa ‘el padre es exaltado’, y es una forma típica y específica del nombre personal Ab(i)ram entre los primitivos semitas occidentales. Después del pacto en Gn. 17.5 su nombre se convierte en Abraham, que se explica como "padre de una multitud" de naciones. Ambos nombres se encuentran en textos cuneiformes y egipcios a partir del siglo XIX a.C., pero no como personas idénticas. Esta última forma, posiblemente como etimología popular, generalmente se considera como variante dialectal de Abram, aunque tiene el sentido de un nombre nuevo y diferente (que puede incorporar una forma primitiva del árameo ‘multitud’).

II. Carrera

Abraham nació en Ur pero se fue con su esposa Sarai, su padre, sus hermanos Nacor y Harán, y su sobrino Lot a Harán (Gn. 11.26–32). A la edad de 75 años, cuando murió su padre, Abraham se trasladó sucesivamente a Palestina (Canaán), cerca de Bet-el, a Mamre, cerca de Hebrón, y a Beerseba. En cada uno de estos lugares erigió un altar y una tienda-santuario.

Sus relaciones con extranjeros mientras vivió cerca de Siquem, y en Egipto, Gerar y Macpela, lo muestran como el respetado jefe de un grupo, al cual trataban en un plano de igualdad. Fue el jefe reconocido de una coalición que rescató a su sobrino Lot, capturado en Sodoma por un grupo de "reyes" (Gn. 14). El acento recae sobre su vida, no tanto como "peregrino", sino como "inmigrante-residente" (geµr) sin ciudad capital. Era rico, tenía sirvientes (14.14) y posesiones (13.2), y vivió pacíficamente entre los cananeos (12.6), los ferezeos (13.7), los filisteos (21.34) y los egipcios; tuvo trato con los heteos o hititas (23).
III. Pactos

De acuerdo con el estilo de los primitivos pactos-tratados, el "gran Rey" Yahvéh concertó un pacto-tratado con Abraham (15.17–21), el que también concertó tratados paritarios con potencias contemporáneas.

(i) La tierra

Por medio del pacto, Yahvéh prometió a Abraham y a sus sucesores la tierra a partir del río Eufrates hacia el SurOeste para siempre. La fe de Abraham se mostró tanto en su disposición para hacer suya esa cesión divina de tierras desde Beerseba (21.33) hasta Dan (14.14) mediante actos simbólicos, o por el hecho de tomarlas como "jefe" de sus habitantes multirraciales luego de derrotar a los que anteriormente las habían poseído. Pero no estableció capital, y tuvo que comprar un lugar para sepultar a su mujer (Gn. 23).
(ii) La familia

El mismo pacto divino le prometía y confirmaba una familia y naciones como sucesores (13.16). Como no tenía hijos, primero nombró heredero a su mayordomo Eliezer de Damasco (15.2). Trató a su sobrino como heredero, y le dio una parte preferencial en la tierra "prometida", hasta que Lot decidió irse a Sodoma (13.8–13). A la edad de 86 años tuvo un hijo, Ismael, de una concubina egipcia, Agar, que le dio su esposa. Ambos fueron expulsados posteriormente. Más tarde, a la edad de 99 años, se le repitió la promesa de familia, nación y ley, y Yahvéh le cambió el nombre y le dio la señal del pacto: la circuncisión de los varones (17). Nuevamente se confirmó la promesa por medio de otra teofanía en Mamre, a pesar del descreimiento de Sara (18.1–19). Un año más tarde nació Isaac.

La gran prueba de la fe de Abraham fue la orden de Yahvéh de sacrificar a Isaac en Moríah. Obedeció, y en el momento del sacrificio el ángel detuvo su mano cuando le fue proporcionado un carnero como sustituto (22.1–14). En esa ocasión se reafirmó el pacto entre Yahvéh y Abraham (vv. 15–20). Sara murió a la edad de 127 años, y fue sepultada en la cueva de Macpela, que Abraham había comprado a Efrón (23). Cuando Abraham sintió que se aproximaba su propia muerte, hizo jurar a Eliezer que obtendría esposa para Isaac entre sus parientes cerca de Harán. De este modo, su sobrina nieta Rebeca se convirtió en esposa de Isaac (24).

Ya en edad avanzada, Abraham se casó con Centura, cuyos hijos fueron los antepasados de las tribus de Dedán y Madián. Después de haberle dado a Isaac "todo cuanto tenía", y de hacer regalos a sus otros hijos, Abraham murió a la edad de 175 años y fue sepultado en Macpela (25.1–10).

Dios reconoció que Abraham era capaz de "[mandar] a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio" (18.19). Era hospitalario, y agasajaba a los extranjeros con respeto (18.2–8; 21.8).

IV. Personalidad

Abraham declaró abiertamente su fe en Dios como el Todopoderoso (Gn. 17.1), eterno (21.33), Altísimo (14.22), creador y poseedor (Señor) de los cielos y de la tierra (14.22; 24.3), y justo juez de las naciones (15.14) y de toda la tierra (18.25). Para él Yahvéh era justo (18.25), sabio (20.6), recto (18.19), bueno (19.19), y misericordioso (20.6). Aceptaba el juicio de Dios sobre el pecado (18.19; 20.11), y sin embargo intercedió ante él por Ismael (17.20) y Lot (18.27–33). Abraham tuvo estrecha comunión con Dios (18.33; 24.40; 48.15), y recibió de él revelación especial en visiones (15.1), y visitas en forma humana (18.1) o angélica (o de "mensajero") (22.11, 15). Abraham adoraba a Yahvéh, llamándolo por ese nombre (13.4) y construyendo un altar para dicho fin (12.8; 13.4, 18). Su claro monoteísmo contrasta con el politeísmo de sus antepasados (Jos. 24.2).

La fe de Abraham puede verse particularmente en su disposición a obedecer los llamados de Dios. Por fe abandonó Ur en la Mesopotamia (11.31; 15.7), acto que destacó Esteban (Hch. 7.2–4). En forma similar fue guiado a abandonar Harán (Gn. 12.1, 4).

Vivió cien años en Canaán, la tierra que se le había prometido (Gn. 13.12; 15.18); pero este fue un cumplimiento parcial, ya que sólo ocupó una pequeña parcela de tierra en Macpela y disfrutó de ciertos derechos cerca de Beerseba. La prueba suprema de su fe se presentó cuando se le pidió que sacrificara a Isaac, su único hijo, que era, humanamente hablando, el único medio de que se cumplieran las promesas divinas. Su fe descansaba en su creencia en la capacidad de Dios para levantar a su hijo de entre los muertos (Gn. 22.12, 18; He. 11.19) si fuese necesario.

Se ha comparado su papel con el de un gobernador o estadista que, como los reyes posteriores, aplicaba la justicia en sujeción al "Juez de toda la tierra, [que] ¿no ha de hacer lo que es justo?" (18.25). Como ellos, tenía la responsabilidad de la ley y el orden, de rescatar personas secuestradas, de derrotar a los enemigos del gran Rey, y de asegurar la libertad del culto local (14.20). Era lo suficientemente capaz y valiente como para ir a la guerra contra enemigos superiores en número (14.5), y obraba con generosidad sin buscar ganancia personal (13.9; 14.23)Los incidentes en la vida de Abraham que se han considerado debilidades graves son el aparente engaño al rey de Egipto y a Abimelec de Gerar, cuando hizo pasar a Sara por hermana suya para salvar su propia vida (Gn. 12.11–13; 20.2–11). Sara era hermanastra de Abraham (20.12; 11.29). Debe rechazarse cualquier supuesto paralelo con los matrimonios hurritas entre hermano y hermana. En las Escrituras se considera que Sara fue fiel a su esposo y a su Dios (Is. 51.2; He. 11.11; 1 P. 3.6), de modo que, si bien esto puede ser un ejemplo de la forma en que aquéllas describen la fortuna, aun de los más grandes héroes (David), podríamos preguntarnos si se ha llegado a comprender bien este incidente.

La respuesta de Abraham a Isaac (Gn. 22.8) se ha considerado engañosa en virtud del sacrificio que se preparaba. Sin embargo, puede considerársela como un ejemplo supremo de su fe ("volveremos a vosotros", 22.5; He. 11.17–19). Este incidente es, además, una temprana condenación de los sacrificios de niños, que por otra parte eran poco frecuentes en el antiguo Cercano Oriente.

V. Significación teológica

Se consideraba a Israel como "la simiente de Abraham", y la acción de Yahvéh de hacer descender muchos pueblos de un solo hombre se consideraba como un significativo cumplimiento de su palabra (Is. 51.2; Ez. 33.24). "El Dios de Abraham" designa a Yahvéh en toda la Escritura, y es el nombre con el que Dios mismo se reveló a Moisés (Ex. 3.15). El monoteísmo que Abraham en medio de la idolatría (Jos. 24.2), la manera en que Dios se le apareció (Ex. 6.3), lo eligió (Neh. 9.7), lo redimió (Is. 29.22) y lo bendijo (Mi. 7.20), como también su fe, fueron tema constante de exhortación y consideración.

También en la época del NT se reverenciaba a Abraham como el antepasado de Israel (Hch. 13.26), del sacerdocio levítico (He. 7.5), y del mismo Mesías (Mt. 1.1). Aunque Juan el Bautista (Mt. 3.9) y Pablo (Ro. 9.7) refutan la superstición popular judía de que la descendencia racial de Abraham traía aparejada la bendición divina, la unidad de los hebreos como sus descendientes constituía una ilustración de la unidad de los creyentes en Cristo (Gá. 3.16, 29). El juramento (Lc. 1.73), el pacto (Hch. 3.13), la promesa (Ro. 4.13), y la bendición (Gá. 3.14) que Dios dio a Abraham por propia y libre decisión, todo lo heredan sus hijos por la fe. La fe de Abraham es tipo de la que lleva a la justificación (Ro. 4.3–12), una proclamación precristiana del evangelio universal (Gá. 3.8). Su obediencia por fe al llamado a abandonar Ur para vivir la vida nómada de "extranjero y peregrino" y su ofrecimiento de Isaac figuran como notables ejemplos de la fe en acción (He. 11.8–19; Stg. 2.21).

Como gran profeta y receptor del pacto divino, Abraham representa un papel único en la tradición judía (Ecl. 44.19–21) y la musulmana.

VI. Antecedentes arqueológicos

Las instituciones sociales, las costumbres, los nombres de personas y de lugares, y las situaciones generales, tanto literarias como históricas, concuerdan en buena medida con otras pruebas correspondientes a principios del 2º milenio a.C. Sin embargo, aunque muchos eruditos consideran que el relato patriarcal es sustancialmente histórico, y factible de fechar, desde la ocupación conocida de sitios reconocidos hasta la edad del bronce media, ca. siglos XX-XIX, o posteriormente, XIX-XVII, o XV-XIV a.C., otros adhieren a la teoría de que estos relatos provienen de la época de David, aunque algunos argumentan, basándose en indicios histórico-tradicionales, a favor de una fecha posterior, en razón de supuestos anacronismos entre los movimientos seminomádicos, la historia (especial en Gn. 12), y las referencias a los filisteos, a camellos y a ciertos nombres de lugares (Ur "de los caldeos"), todo lo cual hace pensar en el 1º milenio a.C. Para ellos la tradición es composición posterior. La mayor parte de estos puntos puede contestarse individualmente o tomando como base todas las pruebas disponibles (algunos detalles de los textos de Ebla, ca. 2300 a.C., podrían proporcionar información adicional). Debemos destacar que los detalles precisos, la ausencia de la personificación legendaria de Abraham como tribu, y el hecho de que la mayor parte de las acciones de Abraham están registradas como las de una sola persona, son indicación de fuentes primitivas.

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